
Endocrinología: trastornos suprarrenales y diabetes insípida
Por: Anabelle Germosén
Imagina vivir con síntomas invisibles que afectan tu presión arterial, tus niveles de energía o el equilibrio de tu cuerpo, pero sin un diagnóstico claro que explique lo que sucede. Para miles de personas con trastornos suprarrenales, esta incertidumbre es parte de su realidad diaria. Enfermedades como el aldosteronismo y la diabetes insípida no solo alteran funciones vitales, sino que también desafían a los médicos a descifrarlas con precisión para brindar un tratamiento efectivo. La complejidad de estas patologías no radica solo en sus manifestaciones clínicas, sino también en la forma en que las nombramos y entendemos.
Un lenguaje médico impreciso puede convertirse en una barrera que dificulta la comunicación entre profesionales y pacientes, y que, en última instancia, pone en riesgo la seguridad clínica. En este contexto, es indispensable revisar y actualizar tanto las estrategias diagnósticas como la terminología que utilizamos. Este artículo explora las técnicas actuales para diagnosticar el aldosteronismo y propone un renombramiento de la diabetes insípida, con el fin de mejorar la claridad, la seguridad y el bienestar de quienes viven con estas condiciones.
Trastornos suprarrenales: visión general
PUBLICIDAD

Las glándulas suprarrenales, ubicadas sobre cada riñón, cumplen funciones esenciales para la homeostasis del organismo. A través de la producción de hormonas como el cortisol, la aldosterona y las catecolaminas, participan en la regulación del metabolismo, el equilibrio hídrico y la respuesta al estrés. Cuando estas glándulas presentan alteraciones funcionales o estructurales, pueden surgir distintos trastornos endocrinos con manifestaciones clínicas variables y, en muchos casos, inespecíficas.
Entre los principales trastornos suprarrenales se encuentran el síndrome de Cushing, la insuficiencia suprarrenal, el feocromocitoma y el hiperaldosteronismo primario. Este último, también conocido como aldosteronismo primario (AP), ha adquirido creciente relevancia clínica en las últimas décadas por su asociación con hipertensión arterial resistente y daño orgánico secundario. El AP se caracteriza por una producción excesiva e inapropiada de aldosterona, que genera retención de sodio, pérdida de potasio e hipertensión. A menudo subdiagnosticado, representa una causa tratable de hipertensión secundaria.

Asimismo, la detección precoz es fundamental para evitar complicaciones cardiovasculares y renales a largo plazo. El reto diagnóstico de los trastornos suprarrenales radica en su sintomatología poco específica, la necesidad de pruebas hormonales precisas y la interpretación cuidadosa de los resultados en distintos contextos clínicos. Por ello, los avances en las estrategias diagnósticas, como veremos en la siguiente sección, resultan clave para una atención endocrinológica más eficaz.
Diagnóstico del aldosteronismo: estrategias y consideraciones actuales
El aldosteronismo primario (AP) es una causa frecuente de hipertensión secundaria, aunque sigue siendo subdiagnosticado en la práctica clínica. Su detección oportuna resulta esencial, ya que representa una condición potencialmente reversible que, si no se trata, puede generar daño cardiovascular y renal progresivo (SOCHEM, 2025). Se estima que entre un 5 % y un 10 % de los pacientes con hipertensión arterial padecen esta alteración hormonal, siendo aún mayor su prevalencia entre quienes presentan hipertensión resistente (Pediatría Integral, 2024).

El primer paso para identificar el AP consiste en reconocer los factores de sospecha clínica. Estos incluyen la presencia de hipertensión de difícil control, hipopotasemia sin causa aparente, antecedentes familiares de hiperaldosteronismo o eventos cerebrovasculares en edades tempranas. También se considera indicativo la detección incidental de una masa suprarrenal o la coexistencia de hipertensión con apnea obstructiva del sueño (Elsevier, 2023). La herramienta inicial más utilizada para el cribado es la relación aldosterona-renina plasmática (RAR), una prueba sencilla que permite inferir la producción autónoma de aldosterona al comparar los niveles de ambas hormonas.
PUBLICIDAD

Sin embargo, la interpretación de esta prueba exige precaución, ya que puede verse alterada por múltiples factores como la dieta, la postura, el horario de la toma de muestra y, sobre todo, por la medicación antihipertensiva. Por tanto, es necesario suspender temporalmente ciertos fármacos antes de realizar la medición (SOCHEM, 2025). Si la RAR se encuentra elevada, el siguiente paso consiste en realizar pruebas confirmatorias que avalen la presencia de secreción inapropiada de aldosterona. Las más utilizadas son la sobrecarga salina intravenosa, la prueba oral de sodio, la supresión con fludrocortisona y la prueba con captopril.
Aunque todas tienen buena sensibilidad, su elección depende de la disponibilidad local, la tolerancia del paciente y la experiencia del equipo médico (Elsevier, 2023).Una vez confirmado el diagnóstico bioquímico, es fundamental determinar si la causa del aldosteronismo es unilateral o bilateral, ya que esto condiciona el tratamiento. La tomografía computarizada (TC) permite visualizar lesiones suprarrenales, como adenomas, pero no siempre distingue si ambas glándulas están involucradas.
En este contexto, el muestreo venoso suprarrenal (MVS) se considera el estándar de oro, ya que compara directamente las concentraciones de aldosterona entre ambas glándulas, diferenciando así la secreción lateralizada de la bilateral (Pediatría Integral, 2024). El abordaje diagnóstico del AP requiere coordinación entre endocrinólogos, radiólogos y clínicos, así como un conocimiento detallado de las limitaciones y fortalezas de cada prueba. Cuando se realiza de forma adecuada, permite ofrecer un tratamiento personalizado, ya sea quirúrgico o farmacológico, que mejora significativamente el pronóstico del paciente.
Renombramiento de la diabetes insípida: hacia una nomenclatura más precisa y segura
Durante décadas, el término “diabetes insípida” ha generado confusión tanto en el ámbito clínico como entre los pacientes, debido a su similitud con la “diabetes mellitus”, pese a tratarse de trastornos completamente distintos. Esta confusión no solo afecta la comprensión del diagnóstico, sino que puede derivar en errores terapéuticos con graves consecuencias, especialmente cuando se omite o retrasa la administración de desmopresina, el tratamiento principal de esta condición (SOCHEM, 2025).
La diabetes insípida se divide en dos formas principales: la central (también conocida como neurohipofisaria), causada por una deficiencia de vasopresina, y la nefrogénica, caracterizada por la resistencia renal a esta hormona. En ambas variantes, los pacientes presentan una excreción urinaria excesiva (poliuria) acompañada de sed intensa (polidipsia), lo cual puede llevar rápidamente a la deshidratación y a alteraciones electrolíticas si no se trata adecuadamente (Pediatría Integral, 2024). Con el objetivo de evitar errores diagnósticos y terapéuticos, diversas sociedades científicas han propuesto un cambio en la nomenclatura, reemplazando el término “diabetes insípida” por denominaciones que reflejen mejor la fisiopatología de cada subtipo.

En este sentido, se sugiere utilizar los nombres “deficiencia de arginina vasopresina” (DAV) para la forma central y “resistencia a la arginina vasopresina” (RAV) para la forma nefrogénica (Elsevier, 2023). Esta propuesta ha sido bien recibida en entornos clínicos por su claridad y especificidad. El nuevo enfoque no solo busca facilitar la comprensión por parte del paciente, sino también mejorar la seguridad clínica, especialmente en situaciones de emergencia. En casos documentados, la denominación ambigua de “diabetes insípida” ha llevado a la suspensión errónea de desmopresina bajo la falsa creencia de que se trataba de un subtipo de diabetes mellitus, aumentando el riesgo de desequilibrio hídrico severo. (SOCHEM, 2025)
PUBLICIDAD

Retos comunes en endocrinología: diagnóstico, lenguaje médico y seguridad del paciente
La endocrinología contemporánea enfrenta un doble desafío: por un lado, la necesidad de optimizar las estrategias diagnósticas ante trastornos que cursan de forma subclínica; por otro, la urgencia de actualizar el lenguaje médico para evitar ambigüedades que comprometan la seguridad del paciente. Ambos retos se evidencian en el abordaje del aldosteronismo primario (AP) y la diabetes insípida (DI), dos entidades distintas pero representativas de los vacíos aún existentes en la práctica clínica.
En el caso del AP, la baja sospecha clínica, sumada a la falta de protocolos estandarizados en muchos entornos, ha generado un subdiagnóstico preocupante. Esta condición, relacionada con hipertensión resistente y riesgo cardiovascular aumentado, puede pasar desapercibida durante años, privando al paciente de tratamientos curativos, como la adrenalectomía unilateral (Revista SOCHEM, 2025). A pesar de los avances en los algoritmos de detección, la implementación en atención primaria sigue siendo limitada, lo que pone en evidencia la necesidad de integrar estas estrategias en todos los niveles del sistema de salud.
De manera paralela, la persistencia del término “diabetes insípida” ilustra cómo una nomenclatura confusa puede tener consecuencias clínicas directas. La Asociación de Endocrinología Clínica y otras entidades internacionales han documentado errores en la administración de desmopresina, atribuibles al malentendido con la diabetes mellitus, lo cual puede generar hipernatremia severa y deshidratación (Elsevier, 2023). El esfuerzo por reemplazar esta denominación por “deficiencia” o “resistencia a la vasopresina” no responde solo a un criterio semántico, sino a una medida de prevención clínica fundamentada.

Ambos ejemplos reflejan un fenómeno común: la brecha entre el conocimiento científico actualizado y su aplicación práctica en entornos reales. Esta distancia se traduce en diagnósticos tardíos, tratamientos inadecuados y experiencias clínicas frustrantes, tanto para los profesionales como para los pacientes. Superar estas barreras exige un enfoque coordinado que combine educación médica continua, actualización de guías clínicas y una revisión crítica del lenguaje empleado en la comunicación sanitaria (Pediatría Integral, 2024).
La transformación del paradigma endocrinológico requiere más que avances tecnológicos o diagnósticos sofisticados; implica también una medicina más clara, comprensible y segura. La precisión conceptual y la sistematización de estrategias clínicas son pilares esenciales para construir un modelo de atención que no solo detecte a tiempo las enfermedades, sino que también promueva decisiones informadas, reduciendo riesgos y aumentando la calidad de vida del paciente.
Finalmente, el abordaje moderno de los trastornos endocrinos demanda una mirada integral que combine rigor diagnóstico, claridad conceptual y sensibilidad clínica. A través del análisis del aldosteronismo primario y la diabetes insípida —dos entidades que, aunque distintas en su fisiopatología, comparten desafíos importantes—, se hace evidente la necesidad de fortalecer tanto las estrategias de detección precoz como la precisión del lenguaje médico. La subestimación del AP y la confusión terminológica en torno a la DI no solo comprometen la calidad de la atención, sino que también pueden poner en riesgo la vida del paciente.
PUBLICIDAD
Los avances propuestos, como la estandarización de algoritmos para el cribado del hiperaldosteronismo y el renombramiento de la diabetes insípida por términos más descriptivos como “deficiencia de vasopresina” o “resistencia a la vasopresina”, reflejan un cambio necesario en la práctica endocrinológica. Este cambio no debe quedarse en el papel, sino traducirse en mejoras tangibles en la atención clínica, la comunicación entre profesionales y pacientes, y la toma de decisiones terapéuticas fundamentadas. Así, la endocrinología del siglo XXI no solo debe seguir ampliando su base científica, sino también apostar por una medicina más comprensible, accesible y centrada en el paciente. La seguridad clínica, el diagnóstico oportuno y el uso responsable del lenguaje se convierten en herramientas cruciales para garantizar una atención eficaz, ética y actualizada.
Descargo de responsabilidad:
Este artículo tiene fines informativos únicamente y no debe considerarse como un consejo médico. Consulte con su médico u otro proveedor de atención médica calificado.
Referencias:
- Revista Sociedad Chilena de Endocrinología y Metabolismo (SOCHEM). (2025). Avances en el diagnóstico y tratamiento de trastornos suprarrenales. Recuperado de https://www.revistasoched.cl/1_2025/Libro.pdf
- Pediatría Integral. (2024). Endocrinología pediátrica: Actualizaciones y perspectivas. https://www.pediatriaintegral.es/tema/endocrinologia/
- Elsevier España. (2023). Congreso de Endocrinología 2023: Diagnóstico y manejo de trastornos endocrinos. https://static.elsevier.es/congresos/pdf/158/endo_2023.pdf